Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Luis Urquizo lanzó una carcajada, y, tragándose todavÃa las últimas pólvoras de risa, bebió ávidamente su cerveza. Luego, al poner el cristal vacÃo sobre el zinc del mostrador, lo quebró, vociferando:
—¡Eso no es nada! Yo he cabalgado varias veces sobre el lomo de mi caballo que caminaba con sus cuatro cascos negros invertidos hacia arriba. ¡Oh, mi soberbio alazán! Es el paquidermo más extraordinario de la tierra. Y más que cabalgarlo asà sorprende, maravilla, hace temblar de pavor el espectáculo en seco, simple y puro de lÃneas y movimientos que ofrece aquel potro cuando está parado, en imposible gravitación hacia la superficie inferior de un plano suspendido en el espacio. Yo no puedo contemplarlo asÃ, sin sentirme alterado y sin dejar de huir de su presencia, despavorido y como acuchillada la garganta. ¡Es brutal! Parece entonces una gigantesca mosca asida a una de esas vigas desnudas que sostienen los techos humildes de los pueblos ¡Eso es maravilloso! ¡Eso es sublime! ¡Irracional!
Luis Urquizo habla y se arrebata, casi chorreando sangre el rostro rasurado, húmedos los ojos. Trepida; guillotina sÃlabas, suelda y enciende adjetivos; hace de jinete, depone algunas fintas; conifica en álgidas interjecciones las más anchas sugerencias de su voz, gesticula, iza el brazo, rÃe: es patético, es ridÃculo: sugestiona y contagia en locura.
