Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Pero cuando yo ya creía haber hecho la luz en él, al conjuro milagroso del clamor filial, se detuvo a pocos pasos de mí, como enmendándose allá, en el misterio de su mente enferma. La expresión de su faz barbada y enflaquecida fue entonces tan desorbitada y lejana, y, sin embargo, tan fuerte y de tanta vida interior, que me crispó hasta hacerme doblar la mirada, envolviéndome en una sensación de frío y de completo trastorno de la realidad.
Volví, no obstante, a hablarle con toda vehemencia. Sonrió extrañamente.
—La estrella… —balbuceó con sorda fatiga. Y otra vez lanzó agrios chillidos.
La angustia y el terror me hicieron sudar glacialmente. Exhalé un medroso sollozo, rodé la escalinata sin sentido y salí de la casa.
La noche había caído del todo.
¡Es que mi padre estaba loco! ¡Es que también él y todos los míos creíanse cuadrumanos, del mismo modo que la familia de Urquizo! Mi casa habíase convertido, pues, en un manicomio. ¡El contagio de los parientes! ¡Sí; la influencia fatal!
Pero esto no era todo. Una cosa más atroz y asoladora había acontecido. Un flagelo del destino; una ira de Dios. No solo en mi hogar estaban locos. Lo estaba el pueblo entero y todos sus alrededores.