Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Muy poco tiempo después de mi salida, debí de haber tornado a mi casa. Advertíme de pronto en el primer corredor. Ni un ruido. Ni un aliento. Corté la compacta oscuridad que reinaba, crucé el extenso patio y di con el corredor de enfrente. ¿Qué sería de mi padre y de toda mi familia?
Alguna serenidad tocó mi ánima transida. Había que buscar a todo trance y sin pérdida de tiempo a mi madre, y verla y saberla sana y salva y acariciarla y oírla que llora de ternura y que gozo al reconocerme, y rehacer, a su presencia, todo el hogar deshecho. Había que buscar de nuevo a mi padre. Quizás, por otro lado, solo él estaría enfermo. Quizás todos los demás gozarían del pleno ejercicio de sus facultades mentales.
¡Oh, sí, Dios mío! Engañado habíame, sin duda, al generalizar de tan ligero modo. Ahora caía en cuenta de mi nerviosidad del primer momento y de lo mal dispuesta que había estado mi excitable fantasía para haber levantado tan horribles castillos en el aire. Y aun ¿acaso podía estar seguro de la demencia misma de mi padre?
Una fresca brisa de esperanza acaricióme hasta las entrañas.