Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Franqueé, disparado de alegrÃa, la primera puerta que alcancé entre la oscuridad, y, al avanzar hacia adentro, sin saber por qué, sentà que vacilaba, al mismo tiempo que, inconscientemente, extraÃa de uno de los bolsillos una caja de fósforos y prendÃa fuego.
Escudriñaba la habitación, cuando oà unos pasos que se aproximaban por los corredores. ParecÃan atropellarse.
La sangre desapareció del todo de mi cuerpo; pero no tanto que ello me obligase a abandonar la cerilla que acababa de encender.
Mi padre, tal como le habÃa visto aquella tarde, apareció en el umbral de la puerta, seguido de algunos seres siniestros que chillaban grotescamente. Apagaron de un revuelo la luz que yo portaba, ululando con fatÃdico misterio:
—¡Luz! ¡Luz!… ¡Una estrella!
Yo me quedé helado y sin palabra.
Más, de modo intempestivo, cobré luego todas mis fuerzas para clamar desesperado:
—¡Padre mÃo! ¡Recuerda que soy tu hijo! ¡Tú no estás enfermo! ¡Tú no puedes estar enfermo! ¡Deja ese gruñido de las selvas! ¡Tú no eres un mono! ¡Tú eres un hombre, oh, padre mÃo! ¡Todos nosotros somos hombres!
E hice lumbre de nuevo.