Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos Desde entonces, continuamente aquel amigo repetÃame el consabido reproche, cada vez con más acritud. Yo, a mi vez, reiterábale y pretendÃa patentizarle por todos los medios posibles mi lealtad para Mirtho. Vanos esfuerzos. Nada. La acusación marchaba, afirmándose con tal terquedad que empezaba yo a creer a su autor fuera de razón, cuando llegó momento en que todos los demás hermanos de bohemia fueron de uno en uno formulándome idéntica tacha a mi conducta.
—Nosotros, todo el mundo —recriminábanme desaforadamente— te hemos sorprendido infraganti, y con nuestros propios ojos. Nada tienes que alegar en contrario. Tú no puedes negar la verdad.
Y en efecto. Si a cuantos me conocÃan hubiera yo interrogado sobre la verdad de este asunto, todos habrÃan testificado mis relaciones de amor con la segunda mujer para mà tan desconocida como irreal. Y yo habrÃame quedado aún más boquiabierto ante semejante fosfeno colectivo, que no otra cosa podÃa acontecer en el cerebro de mis acusadores.