Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos El chino, repetà para mÃ, no hay duda, tiene completo dominio sobre los dados que él mismo labrara, y, acaso, todavÃa más, es dueño y señor de los más indescifrables designios del destino, que le obedecen ciegamente.
Los más poderosos jugadores parecieron encolerizarse y refunfuñar contra Chale, a raÃz de la última jugada. La sala entera sacudióse en un espasmo de despecho; y quizá la protesta amordazada de esa masa de seres a los que asà golpeaba la invencible sombra del destino encarnada en la fascinante figura de Chale, estuvo a punto de traducirse en un zarpazo de sangre. Un solo gran infortunio puede más que millares de pequeños triunfos dispersos y los atrae y ata a sus huracanadas entrañas, hasta untarles por fin en su aceite incandescente y funerario. Todos esos hombres debieron sentirse heridos por la última victoria del chino, y, llegado el caso, todos le habrÃan arrancado la vida a las ganadas. Hasta yo mismo —me aguijonea el remordimiento al recordarlo— hasta yo mismo odié furiosamente a Chale en ese instante.