Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos El asiático estaba demudado. Desde que este advirtió al desconocido, no volvió a mirarle cara a cara. Por nada. AsegurarÃa que la tomó miedo y que en él más que en ningún otro de los presentes, el efecto repulsivo y aborrecible que despertaba ese hombre, fue mucho mayor para ser disimulado. Chale le odiaba, le temÃa. Esa es la palabra: le tenÃa miedo. Además, nadie habÃa visto jamás a tal caballero en aquella casa de juego. Chale ni siquiera le conocÃa. Detonaba, pues, también por esto su presencia.
El clubman de súbito empezó a respirar con trabajo, como si se asfixiara. Jadeaba mirando fijamente al cabizbajo chino que parecÃa triturado por aquella mirada, mutilado, reducida a pobres carbones toda su personalidad moral, toda su confianza en sà mismo de antes, toda su beligerancia triunfadora siempre del hado. Chale, cariacontecido, como niño cogido en falta, movÃa los dedos en el hueco de su diestra temblorosa, queriendo derribarlos por impotencia.
El corro, poco a poco, llegó a converger todas sus miradas en el forastero que aún no habÃa pronunciado palabra. Se hizo silencio.
Por fin el recién llegado dijo dirigiéndose al chino:
—¿Cuánto importa toda su banca?