Novelas y cuentos completos
Novelas y cuentos completos El interrogado pestañeó haciendo una mueca apocalíptica y ridícula de desamparo, como si fuese a recibir una bofetada mortal. Y volviendo en sí, balbuceó, sin saber lo que decía.
—Allí está todo.
La banca importaba más o menos cincuenta mil soles.
El hombre equis nombró esta suma, extrajo una cantidad igual de su cartera y con majestad la colocó en el paño, apostándola al azar, ante el pasmo de los circunstantes. El chino se mordió los labios. Y, siempre rehuyendo el rostro de su nuevo adversario, empezó a barajar los cubos de mármol, sus cubos.
Nadie acompañó a tan monstruosa y atrevida apuesta.
El apostador único, solitario, sin que nadie, absolutamente nadie, menos el chino, pudiese advertirlo, extrajo del bolsillo su revólver, acercólo sigilosamente al cerebro de Chale, y, la mano en el gatillo, erecto el cañón hacia aquel blanco. Nadie, repito, percibió esta espada de Damocles que quedó suspendida sobre la vida del asiático. Muy al contrario. La espada de Damocles viéronla todos suspendida sobre la fortuna del desconocido, pues que su pérdida estaba descontada. Recordé lo que momentos antes habíase susurrado en la sala:
—Siempre las más altas paradas son para Chale. No se pude con él.