Damas oscuras

(RESUMEN)

Damas oscuras

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Fue en el año 18-, a mi regreso de la India, cuando, con la intención de alojar temporalmente a mi familia mientras les encontraba un sitio donde establecer nuestro hogar permanente, alquilé la casa de Brentwood. Tenía muchas ventajas que la hacían curiosamente adecuada para nosotros. Se encontraba, por ejemplo, a una cómoda distancia de Edimburgo, de manera que mi pequeño Roland, cuya educación habíamos descuidado considerablemente, podía ir y volver del colegio sin problema, un arreglo que nos pareció mejor que las otras dos posibilidades, que básicamente consistían o bien en renunciar por completo a su presencia en casa, o bien en que estuviese siempre allí, al cargo de un tutor privado. Entre aquellas dos, yo habría preferido con mucho la primera, mientras que la segunda se acomodaba mejor a los deseos de su madre. El médico, un hombre juicioso, tomó una vía intermedia. «Ensíllele un poni y deje que el niño vaya cabalgando cada mañana hasta el colegio. Eso le hará un bien inestimable —dijo el doctor Simson—. Y si hace mal tiempo, siempre le quedará el tren». Su madre aceptó esta solución (la que entrañaba más dificultad) con más docilidad de lo que yo hubiera esperado, y nuestro hijito de cutis claro, que no había conocido ningún sitio más tonificante que Simia, empezó a enfrentarse a las revoltosas brisas del norte en mitad del mes de mayo, una época de aplacados rigores. Antes de que llegaran las vacaciones de julio, tuvimos la satisfacción de descubrir en él algo del tono bronceado y saludable que animaba la tez de sus condiscípulos. El sistema inglés no se avenía con el de Escocia en aquellos tiempos. No había ningún «pequeño Eton» en Fettes, y de haber existido, no creo que el exótico esnobismo de un establecimiento así nos hubiera tentado ni a mi esposa ni a mí. Aquel chiquillo era un tesoro doblemente precioso para nosotros, pues, de entre todos nuestros hijos varones, no nos quedaba más que él, y lo teníamos por una criatura de cuerpo frágil y de mente profundamente sensible. Poder tenerlo en casa y que al mismo tiempo siguiera asistiendo al colegio (para combinar las ventajas de ambos sistemas) era un arreglo que parecía colmar nuestros deseos. También encontramos en Brentwood todo lo que buscaban nuestras dos hijas. Estaban lo bastante cerca de Edimburgo para poder disponer de muchos maestros y muchas disciplinas que elegir, tantas como hacen falta hoy en día si se quiere que los jóvenes completen la interminable educación que se les exige. Su madre se había casado conmigo cuando era más joven que Agatha, ¡y a mí me habría gustado que ellas mejoraran esa marca! Yo mismo no tenía entonces más de veinticinco años; una edad en la cual veo que los jóvenes de ahora siguen dando palos de ciego, desorientados por completo en cuanto a lo que quieren hacer con sus vidas. No obstante, me imagino que todas las generaciones se envanecen de sus merecimientos, lo cual les permite conservar una opinión elevada de sí mismas en comparación con las generaciones venideras.

Este documento es un resumen redactado con fines exclusivamente educativos e informativos. Su contenido ha sido elaborado con palabras propias del autor del resumen y no contiene reproducciones textuales de la obra original. La obra original, titulada 'Damas oscuras', es de autoría de Varios autores y todos sus derechos pertenecen a dicho autor y a sus titulares legales. Esta publicación no busca reemplazar la lectura de la obra original ni afecta su explotación comercial. No se reclaman derechos sobre el contenido original ni se pretende apropiación alguna. Se recomienda encarecidamente la lectura íntegra de la obra original para una experiencia completa. Puedes adquirirla legalmente en Amazon..

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