Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ Habiendo regresado unos momentos antes, los recién casados se encontraban también ante la mesa. ¿Dónde habían pasado aquellos dos días? Tal vez lo ignoraban ellos mismos. Seguramente que no habían visto nada, y aún entonces nada veían fuera de sí mismos.
No tenía Saunders iguales razones para estar distraído, y sus pensamientos le hacían sonreír. ¡Y qué diferencia entre aquella comida y la de la víspera! Ayer se conversaba alegremente y se era feliz. Hoy los pasajeros mostraban caras sombrías y comían en silencio. Decididamente, aquel almuerzo no había constituido el éxito que Thompson se atrevió a esperar. Saunders no pudo contener hasta el fin la expresión de su íntimo contentamiento. Era absolutamente preciso que Thompson recibiese alguna descarga:
—¡Camarero! —llamó con resonante voz—. Un poquito más de este plato, hágame el favor.
Después, dirigiéndose a través de la mesa al baronet:
—La alimentación de los hoteles de primer orden —añadió con irónico énfasis— tiene, cuando menos, la ventaja de hacer soportable la de a bordo.
Saltó Thompson sobre la silla, como si le hubiera picado un insecto… No replicó nada sin embargo. Y en realidad, ¿qué hubiera podido responder? La oposición tenía esta vez la opinión pública a su favor.