Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ El aspecto del tiempo habíase modificado radicalmente. Una bruma amenazadora, aunque todavía ligera, oscurecía la atmósfera. Sobre el muelle los perfiles de las casas empezaban a difuminarse; los gestos y actitudes de la multitud de cargadores y operarios eran vagos e indecisos, y en el navío mismo los dos mástiles iban a perderse en inciertas alturas.
El silencio continuaba imperando en el buque; tan sólo la chimenea, lanzando un humo espeso y negro, daba indicios del trabajo que se realizaba en el interior.
Cansado de pasear por la cubierta, Roberto se sentó en un banco, en la parte anterior del spardek, y esperó. Al poco tiempo llegó Thompson a bordo. Dirigió una amistosa señal de bienvenida a Roberto y comenzó a dar grandes pasos, lanzando continuamente inquietas miradas al cielo.
En efecto, la bruma se espesaba cada vez más, hasta el punto de hacer dudosa la partida. A la sazón no se descubrían ya los tinglados de los muelles. Por el lado del agua, los mástiles de los buques más próximos trazaban sobre la niebla líneas indecisas, y las aguas del Támesis se deslizaban silenciosas e invisibles, veladas por grisáceos vapores. El ambiente iba impregnándose de humedad.
Pronto advirtió Roberto que estaba mojado, a tal extremo que se proveyó de un impermeable y continuó en su puesto de observación.