Agencia Thompson y Cia_
Agencia Thompson y Cia_ En aquel momento el primer mecánico, Mr. Bishop, subÃa al puente con objeto de aspirar las frescas brisas matinales. Estrecháronse la mano ambos oficiales. Después permanecieron frente a frente silenciosos, en tanto que el capitán lanzaba una mirada interrogadora hacia las profundidades, desde donde subÃa el sordo ruido de las máquinas. Bishop comprendió esta muda interrogación.
—SÃ, mi capitán, en efecto —dijo con un profundo suspiro.
No se explicó más. Pero sin duda el capitán se hallaba suficientemente informado, porque no insistió, contentándose con mover a uno y otro lado la cabeza con visible descontento. Ambos oficiales, después de este breve intercambio de impresiones, continuaron unidos la inspección iniciada por el capitán.
Aún duraba ésta, cuando Thompson subió a su vez a cubierta. Mientras que avanzaba por un lado, Roberto lo hacÃa por el otro.
—¡Ah, ah! —gritaba alborozado Thompson—; he aquà a Mr. Morgand. ¿Ha pasado buena noche profesor? ¿Se encuentra satisfecho de su excelente camarote…? Hermoso tiempo, ¿no es cierto, profesor?
Roberto habÃa vuelto la cabeza instintivamente, esperando ver detrás de él a algún pasajero. Evidentemente, aquel tÃtulo de profesor no se dirigÃa a su modesta persona.