Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —¡Oh, sÃ, vendrÃa! —replicó Barbicane—. Es un digno y valeroso compañero. Además, no hay cosa más fácil. ¿No está el columbiad ahà abierto en el suelo de la Florida? ¿Faltan algodón y ácido nÃtrico para fabricar el piróxilo? ¿No ha de volver la Luna a pasar por el cenit de la Florida? ¿En el transcurso de dieciocho años no ocupará el mismo sitio que ocupa hoy?
—Si —repitió Miguel—, sÃ; Maston vendrÃa, y con él nuestros amigos Elphiston y Blomsberry, todos los individuos del «Gun-Club», y serÃan bien recibidos. Y más adelante se establecerán trenes proyectiles entre la Tierra y la Luna. ¡Viva J. T. Maston!
Probablemente si el respetable J. T. Maston no oÃa las exclamaciones hechas en su honor, por lo menos le zumbaban los oÃdos. ¿Qué harÃa en aquellos momentos? Sin duda, apostado en las Montañas Rocosas, en la estación de Long’s Peak, trataba de descubrir el invisible proyectil que gravitaba en el espacio. Si pensaba en sus compañeros, hay que convenir en que éstos le correspondÃan, y asÃ, bajo la influencia de una exaltación particular, le dedicaban sus mejores y más cariñosos pensamientos.