Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna Barbicane conocía esta opinión del selenógrafo alemán, opinión de que participaban Beer y Moedler; y pudo convencerse de que la observación les daba la razón contra ciertos astrónomos que no admiten sino el color gris en la superficie de la Luna. En ciertos espacios resaltaba con viveza el color verde, tal como resulta, según Julio Schmidt, en los mares de la Serenidad y de los Humores. Barbicane observó asimismo ambos cráteres, desprovistos de conos exteriores, que despedían un color azulado, análogo a los reflejos de una plancha de acero recién pulimentada. Estas coloraciones pertenecían efectivamente, al disco lunar, y no procedían, como han supuesto algunos astrónomos, de la interposición de la atmósfera terrestre. Para Barbicane, no había duda en este punto. Observaba a través del vacío y no podía cometer error alguno de óptica; así, consideró el hecho de las diversas coloraciones como conquista definitiva de la ciencia. Ahora bien, ¿eran debidos aquellos matices verdes a una vegetación tropical sostenida por una atmósfera densa y baja? Esto es lo que no se atrevía a asegurar.
Más allá vio un matiz rojizo, también muy marcado, semejante a otro observado anteriormente en el fondo de un recinto aislado, que se llama circo de Lichtenberg, al borde de la Luna. Mas no pudo reconocer su naturaleza.