Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —Cuando llegue el momento oportuno. Notad, amigos, que en la posición actual del proyectil, posición oblicua todavÃa respecto del disco lunar, nuestros cohetes, modificando su dirección podrÃan apartarlo en vez de aproximarlo a la Luna. Ahora bien, ¿quieren llegar a la Luna?
—¡Qué duda cabe! —replicó Miguel.
—Pues esperen. Por efecto de una influencia inexplicable, el proyectil se inclina a volver su fondo hacia la Tierra. Es probable que en el punto de atracción igual su vértice cónico se dirija enteramente hacia la Luna. En aquel momento se puede esperar que su velocidad sea nula. Aquél será el instante de obrar, y bajo el impulso de nuestros cohetes, quizá podremos provocar una caÃda directa a la superficie del disco lunar.
—¡Bravo! —exclamó Miguel.
—Eso no lo hemos hecho ni podÃamos hacerlo al pasar por primera vez por el punto muerto a causa de que el proyectil se hallaba animado todavÃa de una velocidad demasiado grande.
—Muy bien razonado —dijo Nicholl.
—Esperemos, pues, con paciencia —prosiguió Barbicane—. Pongamos de parte nuestra todas las probabilidades, y después de haber desesperado tanto, empiezo a creer que lograremos nuestro objeto.