Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —Ya lo creo —respondió Nicholl, consultando su cronómetro—; son las once, y no hace por lo tanto más que trece minutos que hemos salido del continente americano.
—¿Trece minutos? —preguntó Barbicane.
—Sà —respondió Nicholl—, y si nuestra velocidad inicial de once kilómetros fuera constante, andarÃamos cerca de diez mil leguas por hora.
—Todo esto está muy bien, amigos mÃos —dijo el presidente—; pero siempre sigue en pie una cuestión: ¿por qué no hemos oÃdo la detonación del columbiad?
No encontrando respuesta que dar, la conversación se detuvo, y mientras reflexionaba, Barbicane se ocupó en levantar la tapa de la segunda lumbrera lateral. Su operación se efectuó felizmente, y a través del cristal descubierto penetraron los rayos de la Luna en el interior del proyectil.
Nicholl, como hombre económico, apagó el gas, que era enteramente inútil y cuyo resplandor estorbaba para observar los espacios interplanetarios.