Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —Amigo mÃo —respondió Barbicane—, el mar cubre las cinco sextas partes de nuestro Globo; lo cual son, por lo menos, cinco buenas razones para suponer que si el proyectil lunar fue lanzado, puede hallarse a estas horas en el fondo del Atlántico o del PacÃfico. A no ser que se sepultara en alguna hendidura en la época en que la corteza terrestre no se habÃa formado del todo.
—Querido Barbicane —respondió Miguel Ardán—, para todo tienes respuestas y me, inclino ante tu sabidurÃa. Sin embargo, hay una hipótesis que me halagarÃa más que las otras; y es que los selenitas, a pesar de ser más viejos que nosotros, sean más prudentes, y no hayan inventado la pólvora.
En aquel momento, Diana se mezcló en la conversación, lanzando un sonoro ladrido; la pobre pedÃa su almuerzo.
—¡Ah! —dijo Miguel Ardán—, con las discusiones nos olvidamos de Diana y de Satélite.
Al instante ofrecieron una excelente torta a la perra, que la devoró con gran apetito.
Ofrecieron una excelente torta a la perra.
—Ahora pienso, amigo Barbicane —decÃa Miguel—, que debiéramos haber hecho de este proyectil una segunda arca de Noé y llevar a la Luna una pareja de cada especie de animales domésticos.