Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —Sin duda —replicó Barbicane—, pero hubiera faltado espacio.
—¡Bah! —dijo el otro—. Estrechándose un poco…
—La verdad es —respondió Nicholl— que el buey, la vaca, el toro, el caballo, todos estos animales nos hubieran sido muy útiles en el continente lunar. Por desgracia, este vagón no podÃa convertirse en cuadra ni establo.
—Pero, por lo menos, podÃamos haber traÃdo un asno, siquiera un asno pequeño, animal valeroso y sufrido que gustaba montar al viejo Sileno. Yo tengo mucho cariño a los asnos, porque son los animales menos favorecidos de la Creación. No sólo se les apalea en vida, sino también después de muertos.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Barbicane.
—¡Nada! Que con su piel fabrican tambores.
Barbicane y Nicholl soltaron la carcajada al oÃr esta salida; pero les cortó la risa un grito de su festivo compañero que se habÃa inclinado hacia el rincón donde estaba Satélite, y se levantó, diciendo:
—Pues, señor, Satélite ya no está enfermo.
—¡Ah! —exclamó Nicholl.
—No —prosiguió Miguel—, está muerto. He ahà —añadió en tono compungido— un gran contratiempo. Ya voy temiendo que la pobre Diana no tenga prole en las regiones lunares.