Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —Ya veo que todo está perfectamente dispuesto —replicó Miguel— y que esta atmósfera es una invención útil porque no sólo nos permite respirar, sino que nos impide ser asados.
—Sà —dijo Nicholl—; pero desgraciadamente no sucederá lo mismo en la Luna.
—¡Bah! —repuso Miguel, siempre confiado—. Si hay allà habitantes respirarán; si no los hay, habrán dejado bastante oxÃgeno para tres personas, aunque sólo sea en el fondo de los barrancos donde su peso lo haya acumulado. Quiero decir que lo subiremos a las montañas, y asà se arregla todo.
Y levantándose, se puso a contemplar la Luna, que brillaba con irresistible resplandor.
—¡Cáspita! —dijo—. ¡Y qué calor debe hacer allÃ!
—Y ten presente —respondió Nicholl— que el dÃa dura allà trescientas sesenta horas.
—En cambio —dijo Barbicane— las noches duran otro tanto, y como el calor es restituido por radiación, su temperatura no será mayor, que la de los espacios planetarios.