Alrededor de la Luna
Alrededor de la Luna —AsÃ, pues, amigos mÃos —prosiguió Barbicane—, todo movimiento repentinamente detenido produce calor; y esta teorÃa ha permitido admitir que el calor del disco solar se halla alimentado por una, lluvia de bólidos que caen sin cesar en su superficie. Se ha calculado…
—¡Cuidado! —murmuró Miguel—, que van a empezar otra vez los números.
—Se ha calculado —siguió diciendo impasible Barbicane— que el choque de cada bólido sobre el Sol debe producir un calor igual al de cuatro mil masas de igual volumen.
—¿Y qué proporciones tiene ese calor? —preguntó Miguel.
—Es igual al que producirÃa la combustión de una capa de carbón que rodeara al Sol con un espesor de veinticuatro kilómetros.
—Y ese calor…
—SerÃa capaz de hervir en una hora dos mil novecientos millones de miriámetros cúbicos de agua.
—¿Y cómo es que no nos tuesta? —preguntó Miguel.
—Porque la atmósfera terrestre absorbe cuatro décimas partes de calor solar. Y además, la cantidad de calor interceptada por la Tierra no es más que dos mil millonésimas partes de la irradiación total.