Ante la bandera
Ante la bandera Tal vez, si las circunstancias lo exigen, me veré en el caso de decir al Conde de Artigas que yo soy el ingeniero Simón Hart. ¡Quién sabe si de esta manera obtendré más atenciones que permaneciendo el guardián Gaydón! Pero esta determinación merece ser reflexionada, pues siempre tengo la idea de que si el propietario de la Ebba ha hecho raptar a Tomás Roch, ha sido con el objeto de apropiarse de su descubrimiento y quedar dueño absoluto del Fulgurador Roch, por el que ni el antiguo ni el nuevo continente han querido pagar el precio excesivo que su inventor pedía. Pues bien; en el caso en que Tomás Roch llegase a descubrir su secreto, ¿no será mejor que yo haya continuado a su lado, que se me haya conservado en mis funciones y que sea el encargado de prestarle los cuidados que su situación reclama? Sí. Debo reservarme esta posibilidad de verlo y oírlo todo; acaso ¡quién sabe!… de comprender, al fin, lo que en Healthful-House me ha sido imposible.
Al presente, ¿dónde va la goleta Ebba? Primera pregunta.
¿Quién es el Conde de Artigas? Segunda pregunta.
La primera quedará resuelta dentro de algunos días, dada la rapidez con que camina este misterioso yate de recreo bajo la acción de un propulsor cuyo funcionamiento acabaré por descubrir.
