Ante la bandera
Ante la bandera Durante mi estancia en la isla Hamilton, en el vasto puerto de Southampton se produjo un hecho muy interesante para los geólogos.
Un día vióse llegar una flotilla de pescadores, hombres, mujeres y niños, que venían en busca de refugio a Southampton-Harbour. Desde hacía cincuenta años, estas familias habitaban la parte del litoral de Back-Cup, expuesta al Levante. Habíanse construido cabañas de madera y casas de piedra, y los moradores vivían allí en condiciones muy favorables para dedicarse a la pesca, sobre todo la de los cachalotes, que abundan en los parajes de las Bermudas durante los meses de Marzo y Abril.
Nada hasta entonces había turbado ni la tranquilidad ni la industria de estos pescadores. No se quejaban de su existencia, bastante ruda, dulcificada por la facilidad de comunicaciones con Hamilton y San Jorge. Sus sólidas barcas exportaban el pescado e importaban, en cambio, los diversos artículos de consumo necesarios para la conservación de la familia.
¿Por, qué, pues, habían abandonado aquel islote con intención de no volver nunca a él, como no se tardó en saber? Por la razón de que no estaban ya tan seguros como en otra época.