Ante la bandera
Ante la bandera Algunos minutos después la Ebba ha desaparecido tras el amontonamiento de rocas, y lo cierto es que no se puede ver ni la extremidad de su arboladura. ¿Quién sospecharía en las Bermudas que un navío acostumbra a hacer escala en esta secreta ensenada? ¿Quién sospecharía en América que el rico yachtman tan conocido en todos los puertos del Oeste, es huésped de las soledades de Back-Cup?
Veinte minutos después, la canoa vuelve hacia el tug con los cuatro hombres. Claro es que el barco submarino les esperaba antes de partir…, para ir… ¿Dónde?
La tripulación, completa ya, pasa a la plataforma. La canoa se coloca de forma que pueda ser remolcada; la hélice se pone en acción, y el tug se dirige hacia Back-Cup rodeando los arrecifes por el Sur.
A algunas encabladuras de allí vese un segundo paso que termina en el islote, y cuyas sinuosidades sigue el tug. Cuando se encuentra a unas doce brazas de las primeras rocas de la base, se detiene.
Se da orden a dos hombres para que lleven la canoa a una estrecha playa, que no pueden tocar ni el agua ni la resaca, de donde se podrá fácilmente recoger cuando recomience la campaña de la Ebba. Hecho esto, los dos marineros suben a bordo del tug, y el ingeniero Serko me hace un signo indicándome que baje al interior.