Ante la bandera

Ante la bandera

IX. DENTRO

Al día siguiente, sin que nadie me impidiera ir y venir a mi antojo, he podido operar mi primer reconocimiento en la vasta caverna de Back-Cup. ¡Qué noche he pasado bajo el imperio de extrañas visiones, y con qué impaciencia he esperado el día!

Se me había conducido al fondo de una gruta, a un centenar de pasos del ribazo junto al que se detuvo el tug. A esta gruta de diez pies, que alumbraba un globo incandescente, se llegaba por una puerta, que fue cerrada tras mí.

No tengo por qué asombrarme de que la electricidad sea empleada como agente luminoso en el interior de esta caverna, puesto que sirve de propulsor al barco submarino. Pero ¿dónde se fabrica? ¿De dónde viene? ¿Es que en el interior de esta cripta existe una fábrica con su maquinaria, sus dínamos y sus acumuladores?

Mi celda está amueblada con una mesa, sobre la que se han colocado algunos alimentos; un lecho, un sillón de paja y un armario, que contiene ropa blanca y diversos trajes. En el cajón de la mesa hay papel, un tintero y pluma. En un rincón de la derecha un tocador con los utensilios de costumbre. Todo ello muy limpio.

Pescado fresco, carne en conserva, pan de buena calidad, cerveza y whisky: de esto se compone la primera comida. Apenas como; ¡tan preocupado estoy!


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