Ante la bandera
Ante la bandera Yendo por la parte Este de Bee-Hive, pienso en Tomás Roch. Me causa mucha sorpresa no haberle visto aun durante este primer dÃa.
¿Acaso será vÃctima de una nueva crisis? Esta hipótesis no es admisible, pues, a juzgar por lo que me ha dicho, el Conde de Artigas hubiera llamado a Gaydón.
Apenas he andado un centenar de pasos, me encuentro con el ingeniero Serko.
Siempre de buen humor este irónico personaje, se sonrÃe al verme y no procura evitar mi encuentro. ¿Me harÃa mejor acogida si supiera que soy un compañero suyo, un ingeniero? No obstante, me guardaré mucho de indicárselo.
El ingeniero Serko se ha detenido. Sus ojos brillan; su boca tiene una expresión burlona, y acompaña el saludo que me dirige con un gesto gracioso.
Respóndole frÃamente, lo que él no parece advertir.
—Que Jonás le proteja a usted, señor Gaydón —me dice con su voz fresca y sonora—. Espero que no se quejará usted de la feliz circunstancia que le ha permitido visitar esta caverna, maravillosa entre todas. SÃ; una de las más bellas, y, sin embargo, de las menos conocidas de nuestro esferoide.
