Ante la bandera
Ante la bandera Lo que se ignoraba es que, de acuerdo con el Conde de Artigas y el ingeniero Serko, el aparato submarino, destinado al remolque secreto de la goleta, no debÃa reaparecer más que algunas millas más allá. Pero, a excepción de los que estaban en el secreto, nadie dudó que hubiera perecido por algún accidente en su casco o en sus máquinas. A bordo de la Ebba fingióse gran consternación, muy verdadera a bordo de los otros barcos. Practicáronse sondajes, enviáronse buzos por la parte que se suponÃa recorrida por el barco. Todas las pesquisas resultaron inútiles, y se dio por cierto que el aparato habÃase hundido en las profundidades del Atlántico.
A los dos dÃas, el Conde de Artigas volvÃa a darse a la mar, y cuarenta y ocho horas después encontraba el barco submarino en el sitio señalado de antemano.
De este modo, Ker Karraje vino a ser propietario de un admirable aparato que fue destinado a esta doble misión: el remolque de la goleta y el ataque a los navÃos. Con este terrible instrumento de destrucción, cuya existencia nadie sospechaba, el Conde de Artigas podÃa recomenzar su piraterÃa en las mejores condiciones de seguridad e impunidad.
He conocido estos detalles por el ingeniero Serko, muy orgulloso de su obra, y muy seguro también de que el prisionero de Back-Cup no podÃa jamás descubrir el secreto. Compréndese el poder ofensivo de que disponÃa Ker Karraje.