Ante la bandera
Ante la bandera Esta resolución atestiguaba un raro sacrificio, un noble patriotismo, pues se trataba de un oficio penoso para un hombre de la clase y de la educación de Simón Hart. Pero no se olvide que el ingeniero no pretendía robar su secreto a Tomás Roch si éste le dejaba escapar, y el último tendría de él el legítimo provecho si recobraba la razón.
Así, pues, desde hacía quince meses Simón Hart, o más bien Gaydón, vivía junto a aquel demente, observándole, espiándole, hasta dirigiéndole preguntas, sin que adelantase nada. Aparte de esto, oyendo al inventor hablar de su descubrimiento, veíase que estaba más convencido que nunca de su extraordinaria importancia. El ingeniero temía también, mas que nada, que la locura parcial de Tomás Roch degenerase en locura general, o que en una crisis suprema muriese su secreto con él.
Tal era la situación de Simón Hart; tal era la misión a la que se sacrificaba en interés de su país.