Ante la bandera

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XII. LOS CONSEJOS DEL INGENIERO SERKO

Tomás Roch, que se ha puesto al trabajo, permanece largas horas bajo un cobertizo de la ribera izquierda, en el que ha establecido su laboratorio. Nadie más que él entra allí. ¿Acaso quiere trabajar solo en sus preparaciones, sin indicar las fórmulas? Es muy posible. Respecto A las disposiciones que exige el empleo del Fulgurador Roch, tengo motivos para creer que son muy sencillas. Efectivamente, este género de proyectil no necesita ni cañón, ni motor, ni tubo de lanzamiento, como el Zalinski. Por ser autopropulsivo lleva en sí su poder de proyección, y todo navío que pasare en cierta zona correría el riesgo de hundirse solamente por efecto de la conmoción de las capas atmosféricas. ¿Qué se podrá contra Ker Karraje, si éste dispone de semejante aparato destructor?

Del 10 al 17 de Agosto. Durante esta semana, el trabajo de Tomás Roch ha proseguido sin interrupción. Todas las mañanas el inventor entra en su laboratorio, y no sale hasta que llega la noche. No procuro acercarme a él ni hablarle. Por más que continúa indiferente a todo lo que no se relaciona con su obra, parece estar en completa posesión de sí mismo. Y ¿por qué no? ¿No ha llegado a la completa satisfacción de su genio? ¿No está en camino de realizar sus planes, desde largo tiempo concebidos?


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