Ante la bandera
Ante la bandera —Tenemos tiempo, Ker Karraje.
—¡Si Dios os lo concede, miserables! —he pensado oprimiéndome el corazón, que latÃa con violencia.
Y, no obstante, sin una particular y próxima intervención de la Providencia, ¿qué puedo esperar?
La conversación cambia de giro, y Ker Karraje dice:
—Ahora que conocemos la composición del explosivo, es preciso que a cualquier precio obtengamos el secreto del deflagrador.
—Es indispensable —responde Serko; y trato de decidir a Tomás Roch. Por desdicha, éste rehúsa discutir en lo que a este punto se refiere. Por lo demás, ha fabricado ya algunas gotas de dicho deflagrador, que han servido para ensayar el explosivo, y nos dará lo que necesitemos de él cuando se trate de hacer el corredor.
—Pero ¿para nuestras expediciones en el mar? —pregunta Ker Karraje.
—Paciencia. Acabaremos por poseer todo el secreto.
—¿Eso es seguro, Serko?
—Seguro… Todo es cuestión de precio, Ker Karraje.