Ante la bandera
Ante la bandera Al recobrar mis sentidos noto que estoy extendido sobre el lecho de mi celda, donde parece que reposo desde hace treinta horas.
No estoy solo. El ingeniero Serko se encuentra a mi lado. Ha hecho que me prodigasen los cuidados que mi situación requerÃa, y me ha cuidado él mismo, supongo que no como a un amigo, sino como a un hombre del que se esperan indispensables explicaciones, presto a desembarazarse de él si el interés común lo exige.
Bastante débil todavÃa, me serÃa imposible dar un paso. Poco ha faltado para que fuera vÃctima de la asfixia en el fondo del estrecho compartimiento del Sword, al hundirse éste. ¿Estoy en situación de responder a las preguntas que el ingeniero Serko arde en deseos de dirigirme, y que se relacionan con la pasada aventura? SÃ…; pero guardaré una reserva extrema.
Ante todo, me pregunto qué habrá sido del teniente Davón y de la tripulación del Sword. ¿Habrán perecido en el choque estos valientes ingleses? ¿Estarán sanos y salvos como nosotros? —pues supongo que Tomás Roch ha sobrevivido.
La primera pregunta que el ingeniero Serko me dirige es la siguiente:
—ExplÃqueme usted lo que ha pasado, señor Hart.
—¿Y Tomás Roch? —he preguntado a mi vez.
