Ante la bandera
Ante la bandera Heme aquà al aire libre, que respiro a plenos pulmones. Al fin me han sacado de aquella caja asfixiante y me han subido al puente del navÃo. En primer lugar, recorriendo el horizonte con la mirada, no he visto tierra alguna. Nada más que la lÃnea circular que limita el mar y el cielo.
¡No! No hay ni señales de continente al Oeste, por la parte en que el litoral de la América del Norte se desarrolla en una extensión de millares de millas.
En este momento el sol está en su declive, y no envÃa más que rayos oblicuos a la superficie del Océano. Deben de ser las seis de la tarde… Consulto mi reloj. SÃ… Las seis y trece minutos.
He aquà lo que ha pasado durante la noche del 17 de Junio:
Como he dicho, yo esperaba a que se abriese la puerta del departamento, decidido a no sucumbir al sueño. No dudaba que fuese de dÃa, y éste avanzaba y nadie venÃa.
De mis provisiones no quedaba resto, y comenzaba a sentir el sufrimiento del hambre; sed no tenÃa ninguna, porque aún me restaba un poco de cerveza.
