Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral A las tres de la tarde se dio la señal de partida, tomando los expedicionarios la delantera de la comitiva. Tenían ante sí una prolongada cuesta, lo cual favorecía la marcha del cargado carromato, pues los descensos dificultan esta clase de operaciones.
Los europeos dieron gritos de entusiasmo al llegar a la vista de las cataratas. Ni siquiera la flema inglesa fue capaz de competir con la belleza de aquel paisaje.
Una vez alcanzado el lugar elegido para reemprender la navegación del Orange, el coronel Everest ordenó acampar, indicando que la partida tendría lugar al amanecer del día siguiente.
Las últimas horas de la tarde fueron empleadas en realizar diversos trabajos. Se reajustó el casco de la embarcación, se colocaron en su lugar la máquina y la hélice, se dividió el vapor en cámaras gracias a los tabiques mecánicos, se llevaron a bordo las provisiones y las cajas y, en resumen, se hizo lo necesario para zarpar en el momento indicado sin problemas.
Los preparativos de la marcha demostraron que los marineros eran hombres disciplinados y hábiles, elegidos cuidadosamente por los jefes de la expedición.
Al día siguiente, primero de febrero, la embarcación estaba ya dispuesta al amanecer para recibir a los viajeros.