Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral
Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el Africa Austral El aristócrata, desgarrado por todas partes y profundamente ensangrentado, no perdió ni un momento su particular sangre fría, y preparó su carabina cuidadosamente, apuntando con ella al elefante en lo alto de la espalda. El disparo atravesó los matorrales y la bala, encontrando hueso, hizo explosión de inmediato.
El elefante se tambaleó aparatosamente casi en el mismo momento en que una segunda bala, disparada desde el lindero del bosque, le hería en el flanco izquierdo.
Cayó el paquidermo sobre sus rodillas y comenzó a lamerse las heridas con su trompa, al tiempo que emitía monstruosos gritos de dolor.
Mokoum, saliendo de la espesura, exclamó:
—¡Ya es nuestro!
El enorme elefante estaba mortalmente herido. Seguía gritando lastimeramente, pero su respiración era difícil y su cola se agitaba débilmente.
Los movimientos de su trompa, que lamía inútilmente sus heridas, se fueron haciendo cada vez más distanciados, hasta que, finalmente, al paquidermo le faltaron las fuerzas y se dejó caer para no levantarse jamás.
Sir John salió entonces de la espesura espinosa. Estaba casi desnudo, pues su ropa había quedado hecha jirones, pero nada de esto parecía importarle. Había logrado su mayor triunfo deportivo.
Se aproximó al elefante y observó su cadáver. Después, mirando orgulloso a Mokoum, dijo: