Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —Aquà hay un niño hasta que Kitty nos dé otro parecido.
—¡Pero está helado! —respondió la joven.
—Pues le he traÃdo bien envuelto en mi tartán durante el viaje —replicó la labradora.
—Pronto, pronto —dijo Martin—. Vamos a calentarle al fuego del hogar, y comencemos por abrazar a la abuela, que debe de tener deseos de ello.
Kitty recibió al niño de manos de Martina, y muy pronto toda la familia estuvo reunida en la sala donde la abuela ocupaba un viejo sillón.
Se le presentó al niño. Ella le tomó en sus brazos y sentóle sobre sus rodillas.
Él se dejó hacer. Sus ojos iban de unos a otros. No comprendÃa nada de lo que pasaba. El dÃa de hoy no se parecÃa al de ayer, ¿era un sueño?