Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés No se extrañará, pues, que Martin y Martina MacCarthy, que salieron a eso de las siete de Limerick, llegaran a las tres de la tarde a la granja. No iban solos en el carro, que podÃa llevar hasta diez viajeros. Después de haber dejado en su casa a los dos labradores, el rápido vehÃculo continuó su camino hacia la capital del condado de Kerry.

Murdock salió en seguida de su alojamiento, situado en un ángulo del patio, a la derecha.
—¿Habéis hecho buen viaje, padre? —preguntó la joven a quien Martina acababa de abrazar.
—Muy bueno, Kitty.
—¿Habéis encontrado las plantas de coles en el mercado de Limerick? —dijo Murdock.
—SÃ; y mañana llegarán.
—¿Y nabos?
—También; muy buenos.
—Bien, padre.
—Y también una especie de grano…
—¿Cuál?
—Grano de bebé, Murdock; que me parece de excelente calidad.
Y como Murdock y su hermano parecieran asombrados mirando al niño que Martina tenÃa en sus brazos, dijo ésta: