Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés 
Los niños acaban por fastidiarse de sus juguetes y los tiran, si no los rompen. Pero Hormiguita estaba bien resuelto a no dejarse hacer pedazos. Además, esta situación en Trelingar-Castle no la consideraba más que como una espera. A falta de cosa mejor, la habÃa aceptado hasta que se le presentara otra ocasión para ganarse la vida. Su ambición infantil iba más allá de las funciones de groom. Su orgullo sufrÃa con esto. Aquella abstracción de sà mismo ante el heredero de los Piborne, al que se sentÃa superior, le humillaba. ¡SÃ! Superior, aunque el conde Asthon recibÃa aún lecciones de latÃn, historia, etc., pues tenÃa maestros que trataban de llenarle de ciencia como se llena de agua un cántaro. De hecho, su latÃn no era más que latÃn de perro, expresión equivalente en Inglaterra a la de latÃn macarrónico, y su ciencia histórica se limitaba a lo que leÃa en el Libro de Oro, de la raza equina.