Aventuras de un niño irlandés

Aventuras de un niño irlandés

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La hipótesis de una emigración a Australia fue confirmada por las noticias que obtuvo mister O’Brien por varios de sus antiguos corresponsales. Una carta que recibió de Belfast no dejaba duda alguna de la suerte de la familia. Después de notas sacadas de los libros de una agencia de emigrantes, se supo que en aquel puerto era donde los MacCarthy, en número de seis, tres hombres, dos mujeres y una niña, se habían embarcado para Melbourne, hacía cerca de dos años. Imposible fue encontrar sus huellas en aquel vasto continente. Hormiguita no podía, pues, contar más que con el segundo de los hijos de MacCarthy, suponiendo que fuera aún marino a bordo de un barco de la casa Marcuard de Liverpool. Dirigiose, pues, al jefe de esta casa; pero la respuesta fue que Pat había abandonado el servicio hacía quince meses, y no se sabía en qué navío se había embarcado. Quedaba el azar de que Pat, de vuelta en alguno de los puertos de Irlanda, tuviese conocimiento del aviso que concernía a su familia. Débil azar, convendremos en ello; pero Hormiguita esperaba en él a falta de otro mejor.

Mister O’Brien procuró en vano dar un rayo de esperanza a su joven inquilino, y un día le dijo:

—Mucho me asombraría si más pronto o más tarde no vuelves a ver a la familia MacCarthy.

—A ellos… en Australia, ¡a millares de millas!


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