Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —¿La razón? SÃ… Tal vez… Sin embargo, cuando pienso en mi situación actual, me parece que algo ha contribuido la casualidad…
—En la vida hay menos casualidades de las que piensas, y todo se encadena con una lógica mayor que la que generalmente se imagina. Tú lo observarás; raro es que una desdicha no venga seguida de una felicidad.
—¿Lo cree asÃ, mister O’Brien?
—SÃ, y esto no es dudoso en lo que a ti se refiere. Es una reflexión que hago a menudo, cuando pienso en lo que ha sido tu vida… Veamos. Tú fuiste a casa de la Hard… Esto era una desgracia.
—Y una dicha, pues allà conocà a Sissy, cuyas caricias jamás olvidaré… ¡las primeras que he recibido! ¿Qué será de mi pobre compañerita? ¿La volveré a ver? SÃ… Esto fue la dicha allÃ.
—Lo fue también el que la Hard no se portara bien contigo. Sin eso, tú hubieras quedado en la aldea de Rindok hasta que te hubieran vuelto a la casa de caridad de Donegal… Tú huiste; y tu fuga te hizo caer en manos de Thornpipe.
—¡Oh, el monstruo! —exclamó Hormiguita.
—Dicha es que haya sido tan malo, pues si no aún estarÃas recorriendo los caminos, si no dentro de la caja, al menos al servicio de Thornpipe… Después entras en la Ragged-School…