Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —Donde encontré a Grip… Grip, que tan bueno ha sido para mÃ… al que debo la vida; que me salvó exponiéndose a morir…
—Lo que te lleva con esa extravagante actriz… Una nueva vida. Conformes; aunque no te hubiera llevado a nada honroso; y considero como una dicha que después de haberse divertido contigo, te haya abandonado un dÃa…
—Mister O’Brien, después de todo, me habÃa recogido… ha sido muy buena para mÃ, y después… ¡he aprendido muchas cosas!… Por otra parte, siguiendo su razonamiento, gracias a su abandono, la familia MacCarthy me recogió en la granja de Kerwan.
—Justo… y todavÃa…
—¡Oh, mister O’Brien! Mucho trabajo le costarÃa persuadirme de que la desgracia de esa pobre gente haya podido ser una circunstancia dichosa.
—Sà y no —respondió mister O’Brien.
—¡No, mister O’Brien, no! —afirmó enérgicamente Hormiguita.
—¡Y si hago fortuna, siempre tendré el disgusto de que el punto de partida de esta fortuna haya sido la ruina de los MacCarthy! ¡Hubiese pasado tan a gusto mi vida en aquella granja como hijo de la casa!
¡Hubiera visto crecer a Jenny, mi ahijada! ¿PodÃa soñar una dicha más grande que la de mi caritativa familia adoptiva?