Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —¡Grip, Grip! —repetÃa Hormiguita—. ¡Defiéndela, defiéndela!
Grip se precipitó sobre los pilluelos para arrancarles el ave. Era tarde. Carker acababa de aplastar con su talón la cabeza de la gaviota. Todos rieron y lanzaron hurras. Hormiguita estaba transformado. PoseÃdo de una cólera ciega, cogió un guijarro y lo arrojó con toda su fuerza sobre Carker; el golpe le dio a éste en mitad del pecho.
—¡Ah, me las vas a pagar! —exclamó Carker.
Y antes de que Grip pudiera impedirlo, se precipitó sobre el niño y le arrastró al borde de la arena, golpeándole. Después, y mientras los demás detenÃan a Grip por los brazos y por las piernas, hundió la cabeza de Hormiguita en las olas, a riesgo de asfixiarle.
Logrando desembarazarse a golpazos de aquellos miserables, la mayor parte de los cuales rodaron por la arena, Grip corrió hacia Carker, que huyó con toda la banda.
Al retirarse las olas hubiesen arrastrado a Hormiguita si Grip no le hubiera cogido y apartado medio desvanecido. Después de frotarle vigorosamente, Grip no tardó en ponerle en pie, y vistiéndole le cogió por la mano y le dijo:
—Ven, ven.
