Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras A las inquietudes morales de la tripulación se agregaban entonces insoportables fatigas, porque el 12 de mayo el bergantÃn se encontraba encerrado en todas las direcciones, y su vapor era impotente. Fue menester abrirse un camino en los campos de hielo. El manejo de la sierra era muy penoso en aquellos floes[24] que medÃan hasta seis y siete pies de grosor; cuando dos entalladuras paralelas dividÃan el hielo a una longitud de cien pies, era preciso romper la parte interior con el hacha y el espeque, y entonces se ponÃan áncoras, que se fijaban en un agujero abierto con una gran barrena. Después empezaba la maniobra del cabrestante, y se trataba el buque a fuerza de brazos. La mayor dificultad consistÃa en hacer entrar de nuevo debajo de los floes los pedazos rotos, a fin de dejar paso al buque. Era necesario rechazarlos por medio de potes, largas pértigas provistas de una punta de hierro.
Maniobras de sierra, maniobras de arrastre, maniobras de cabrestantes, maniobras de potes, maniobras incesantes, obligadas, peligrosas, en medio de la niebla o de espesas nevadas, con temperatura relativamente baja, dolencias oftálmicas, inquietudes morales, todo contribuÃa a debilitar la tripulación y a determinar en su imaginación reacciones peligrosas.
