Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Y es el que tomaremos desde mañana mismo. Que este domingo se dedique al reposo. Procuraréis, Shandon, que las lecturas de la Biblia se hagan regularmente. Las prácticas religiosas ejercen una influencia saludable en la moral de los hombres, y un marino, sobre todo, debe poner su confianza en Dios.
—Está bien, capitán —respondió Shandon, y salió con el teniente y el contramaestre.
—Doctor —dijo John Hatteras, indicando a Shandon—, he aquà un hombre herido en su amor propio, a quien ha perdido su orgullo; no puedo ya contar con él.

Al dÃa siguiente, el capitán, muy de madrugada, hizo echar la lancha al mar, y fue a reconocer los icebergs cercanos, cuyo ancho no excedÃa de doscientas yardas[25], y notó que, a consecuencia de una lenta presión de los hielos, la prisión en que se hallaba tendÃa a hacerse aún más estrecha. Era, por lo tanto, urgente practicar en sus paredes una brecha, a fin de que el buque no fuese aplastado por aquel lomo de montañas. Los medios empleados al efecto por John Hatteras demostraron muy claramente que era un hombre enérgico.