Aventuras del capitan Hatteras

Aventuras del capitan Hatteras

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Hizo primero trece escalones en la muralla helada, y llegó a la cima del iceberg, desde la cual reconoció que le sería fácil abrirse un camino hacia el Sudoeste. Por orden suya se abrió una mina en el mismo centro de las montañas, y este trabajo, rápidamente emprendido, ocupó a la tripulación durante todo el lunes.

Hatteras no podía contar con sus blasting-cylinders, de ocho a diez libras de pólvora, cuya acción hubiera sido nula contra tamañas moles. No servían más que para romper los témpanos de hielo, y, por tanto, hizo cargar la mina con mil libras de pólvora, cuya dirección expansiva fue esmeradamente calculada. La mina, provista de una larga mecha cubierta de gutapercha, salía fuera. La galería que conducía al centro se llenó de nieve y témpanos, a los cuales el frío de la noche siguiente debió dar la dureza del granito. En efecto, la temperatura, bajo la influencia del viento del Este, descendió a 12° sobre cero (—11° centígrados).

Al día siguiente, a las siete, el Forward tenía preparado el vapor para aprovechar la ocasión de salir. Johnson fue el encargado de prender fuego a la mina; la mecha estaba calculada de manera que tenía que arder cosa de media hora antes de comunicar el fuego a la pólvora. Johnson tuvo, pues, suficiente tiempo para volver a bordo; y, en efecto, diez minutos después de haber cumplido las órdenes de Hatteras, se hallaba en su puesto.


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