Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Algunos instantes después, el cañón estaba cargado.
—¿Qué querrá hacer sin bala? —dijo Shandon entre dientes.
—Vamos a verlo —respondió el doctor.
—¡Lista la pieza, capitán! —gritó Wolsten.
—Bien —respondió Hatteras—. ¡Brunton! —dijo al maquinista—. ¡Atención! Algunas vueltas hacia delante.
Brunton hizo funcionar el vapor, y la hélice se puso en movimiento; el Forward se aproximó a la montaña minada.
—¡Apunta bien al paso! —gritó el capitán al armero.
Éste obedeció, y cuando el bergantÃn estuvo a cosa de medio cable, Hatteras gritó:
—¡Fuego!
Un estampido formidable siguió a su voz de mando, y las moles de hielo, sacudidas por la conmoción atmosférica, se precipitaron de repente al mar. Aquella agitación de las capas de aire habÃa sido suficiente.

—¡A todo vapor, Brunton! —gritó Hatteras—. ¡Derecho al paso, Johnson!