Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿Qué ha sido de ellos? Vais a saberlo —dijo John Hatteras con voz fuerte—. ¡SÃ, intentaron llegar a la bahÃa de Hudson, y se fraccionaron en grupos! ¡SÃ, tomaron el camino del Sur! ¡SÃ, en 1854, una carta del doctor Rae dio la noticia de que en 1850 los esquimales habÃan encontrado en la Tierra del Rey Guillermo un destacamento de cuarenta hombres, que cazaban vacas marinas, que viajaban sobre el hielo, que arrastraban una lancha, flacos, escuálidos, extenuados de fatiga y de dolores! ¡Y más adelante descubrieron treinta cadáveres en el continente y cinco en una isla próxima, algunos medio enterrados, otros insepultos, otros debajo de un barco volcado, otros debajo de los restos de una tienda; aquÃ, un oficial con el anteojo colgado a la espalda y el fusil cargado junto a él; más allá, calderas con los residuos de un banquete horrible! Al recibir estas noticias, el Almirantazgo suplicó a la compañÃa de la bahÃa de Hudson que enviase sus más hábiles agentes al teatro del acontecimiento. Descendieron por el rÃo Back hasta su desembocadura. Visitaron las islas de Montreal, Masanochia y punta Ogle. ¡Pero, nada! ¡Todos aquellos desgraciados habÃan muerto de miseria, muerto de fatiga, muerto de hambre, procurando prolongar su mÃsera existencia con los espantosos recursos del canibalismo! ¡He aquà lo que ha sido de ellos a lo largo de ese camino del Sur donde yacen sus cadáveres mutilados! Pues bien, ¿queréis aún seguir sus huellas?