Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras El doctor estaba entusiasmado, cuando Simpson, el arponero, se acercó a él y le hizo notar los diferentes matices del mar, que variaban desde el más oscuro azul hasta el verde oliva. Grandes fajas se prolongaban del Norte al Sur con tal precisión en sus bordes, que se podÃan seguir sus lÃneas de demarcación hasta perderlas de vista. Algunas veces, bandas transparentes eran continuación de otras bandas enteramente opacas.
—¿Qué os parece, señor Clawbonny, esta particularidad? —dijo Simpson—. ¿Qué opináis acerca de ella?
—Opino, amigo mÃo —respondió el doctor—, lo que opinaba el ballenero Scoresby acerca de la naturaleza de estas aguas de distintos colores. Las aguas azules están desprovistas de esas mirÃadas de animálculos y medusas de que están cargadas las aguas verdes. Scoresby ha hecho acerca del particular varios experimentos que tienen para mà mucha fuerza.
—Del color del mar, doctor, se pueden sacar también otros indicios.
—¿De veras?
—SÃ, señor Clawbonny, y, a fe de arponero, os lo digo; si el Forward fuese siquiera un ballenero, hoy harÃamos la jugada.
—Sin embargo —respondió el doctor—, yo no distingo ninguna ballena.