Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Adelante! ¡Adelante…! ¡Firme, amigos mÃos! —Gritaba Simpson, poseÃdo del furor de la pesca—. ¡La ballena es nuestra!
—¡No, no! —Dijeron algunos marineros.
—¡SÃ, sÃ! —Exclamaron otros.
Durante la discusión, la ballena se habÃa encajonado entre dos montañas flotantes que el oleaje y el viento tendÃan a reunir.
La lancha, remolcada por el cetáceo, corrÃa peligro de ser arrastrada a aquel paso peligroso, cuando Johnson, inclinándose hacia delante con un hacha en la mano, cortó la cuerda.
Ya era hora. Las dos montañas se juntaron con una fuerza irresistible, aplastando entre sà al desgraciado animal.
—¡Perdida la ballena! —gritó Simpson.
—¡Salvados nosotros! —respondió Johnson.
—¡En verdad —dijo el doctor, que no habÃa siquiera pestañeado— que el espectáculo valÃa la pena de verse!