Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Me parece, sin embargo —repuso Johnson—, que éste es el sitio.
—En fin —dijo impacientemente Hatteras—, ¿dónde hemos de ir?
—Bajemos —dijo el contramaestre—, es posible que me engañe: en siete años puedo haber perdido el recuerdo de estos parajes.
—Sobre todo —respondió el doctor—, siendo el paÃs de una uniformidad tan monótona.
—Y, sin embargo… —murmuró Johnson.
Shandon no hacÃa observación alguna.
Después de andar unos minutos, Johnson se detuvo.
—¡Pero, no —exclamó—; no, yo no me engaño!
—¿Y bien? —dijo Hatteras, mirando alrededor.
—¿Qué os obliga a hablar asÃ, Johnson? —preguntó el doctor.
—¿No veis aquà el terreno, que parece hinchado? —dijo el contramaestre, indicando bajo sus pies una especie de túmulo donde se distinguÃan perfectamente tres prominencias.
—¿Qué concluÃs de eso? —preguntó el doctor.