Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Sà —respondió éste—, cuando ya sea demasiado tarde.
Y se metió en su camarote, donde permanecÃa casi siempre encerrado desde su altercado con el capitán.
El viento, por la tarde, se inclinó al Sur. Hatteras entonces quiso navegar a la vela y mandó apagar los hornos; por espacio de algunos dÃas la tripulación volvió a sus penosas maniobras, siendo a cada instante preciso orzar, o virar, o rizar velas para limitar la marcha del buque. Entorpecida la jarcia por el frÃo, las cuerdas corrÃan mal por las garruchas harto premiosas y volvÃan más difÃciles las operaciones. Más de una semana se tardó en alcanzar la punta Barrow.
En diez dÃas no habÃa hecho el Forward treinta millas.
El viento saltó de nuevo al Norte y se volvió a poner la hélice en movimiento. Hatteras tenÃa aún esperanza de hallar un mar exento de obstáculos más allá del 77° paralelo, tal como lo vio Edward Belcher.
Y, sin embargo, si a lo que se referÃa era a los informes de Penny, la parte de mar que atravesaba en aquel momento habÃa debido ser libre, porque Penny, llegado al lÃmite de los hielos, reconoció en una lancha los bordes del canal de la Reina a los 77°.
¿DebÃa considerar aquellos informes como apócrifos? ¿O bien su invierno precoz habÃa invadido aquellas regiones boreales?