Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Pero el 8 de setiembre un banco continuo, impenetrable, inaccesible, se interpuso entre el Norte y él, y la temperatura bajó a 10° (—12° centígrados). Hatteras, con el corazón inquieto, buscó en vano un paso, arriesgando cien veces su buque y haciendo prodigios de habilidad. Se le podía tachar de imprudente, de irreflexivo, de loco, de ciego, pero era un gran marino, de los mejores entre los mejores.
La situación del Forward se hizo verdaderamente peligrosa. El mar se cerraba detrás de él; en el espacio de algunas horas adquiría el hielo una dureza tal, que los hombres saltaban a él y halaban el buque con una seguridad completa.
Hatteras, no pudiendo costear el obstáculo, resolvió atacarlo de frente, empleando al efecto sus más fuertes blasting-cylinders, de ocho a diez libras de pólvora. Se empezaba por taladrar el hielo en todo su grueso; y se llenaba el agujero de nieve, después de haber cuidado de colocar el cilindro en una posición horizontal, a fin de que fuese mayor la parte de hielo sometido a la explosión; entonces se encendía la mecha, protegida por un tubo de gutapercha.
Se procuró, pues, romper el banco, ya que no se le podía aserrar, porque las cortaduras volvían a soldarse inmediatamente. Hatteras pudo, sin embargo, esperar al día siguiente.